Manecillas, Capítulo 8

  08 Whitney se sentía culpable. La madre de Clark estaba en el hospital, y aún así su mente le daba vueltas al aparente rechazo que había s...

10/05/25

Manecillas, Capítulo 8

 08

Whitney se sentía culpable. La madre de Clark estaba en el hospital, y aún así su mente le daba vueltas al aparente rechazo que había sufrido.


¿Siquiera se podía considerar un rechazo? Clark Kent era su amigo cuando mucho, su único amigo para ser exacto. Cualquier señal que Whitney pudiera identificar como doble intencionada, no eran más que maquinaciones de su mente solitaria y deprimida aferrándose a la única conexión que tenía fuera de su familia. A veces hablaba con Lana, pero por obvias razones su relación ya no era tan profunda.


No iba a arriesgar la única amistad que había entablado sólo porque sus hormonas estaban desesperadas por amor.


Y encima de todo, si cualquiera lo escuchara, sabría que estaba cediendo a la locura. Su soledad era tan grande que estaba imaginando escenarios imposibles con un hombre. Macho. Masculino. Clark. El tipo enamorado de su ex novia. Entre más pronto se quitara esas ideas de la cabeza, menos probable sería que alguien descubriera lo que había en su mente y lo llamara “desviado” o “marica”.


Lo mejor era que ignorara la parte de su cabeza que deseaba que los roces de hombro accidentales duraran más de lo esperado, que dejara de pensar en la sonrisa aperlada del granjero, y que tuviera una idea bien clara: Clark era su amigo. Fin de la historia.


Como su mente no se callaba, se sentó a ver telenovelas con su madre. Siempre se había burlado de las tramas absurdas repetitivas, pero en ese momento necesitaba el confort de la TV. La predecible y siempre llena de finales felices, televisión.


Fue cuando su madre terminaba su bowl de palomitas, mientras miraba con atención los pectorales del moreno protagonista, que el teléfono de la sala sonó. Whitney estaba a lado, así que contestó de inmediato. Fue recibido por una Lana con tono consternado.


—Es Clark.


Le explicó en pocas palabras lo que había pasado en la entrada de la residencia Kent, así como que Jonathan había llamado a la doctora Bryce y que Clark todavía no había despertado cuando ella se fue. Whitney sintió la misma sensación en el estómago que cuando se enteró del infarto de su padre.


Con toda la rápidez que pudo conseguir, fue al teléfono de la cocina y marcó el número de los Kent. Los segundos que esperaba en línea parecían una eternidad.


—Señor Kent —dijo en cuanto respondieron—. ¿Cómo está Clark?


El señor Kent tomó aire. Parecía que Whitney lo había tomado muy por sorpresa.


—La doctora Bryce acaba de tratarlo. Aún no despierta, pero tiene síntomas similares a Martha.


Whitney le había dicho a Clark que todo estaría bien, pero ahora que era su turno de esperar lo mejor, sentía que el corazón se le detenía. 


—Si necesitan más ayuda —dijo Whitney con el palpitar en la garganta—. Puedo comunicarme con mi ex sargento y ver si conoce algún doctor especializado.


—Creo que ya tengo una idea de cómo arreglarlo —le dijo Jonathan, aunque su voz sonaba insegura—. Pero gracias, Whitney.


El joven reiteró su ofrecimiento, luego colgó. No quería quitarle más tiempo al señor Kent si de verdad tenía una solución en manos. Aún así, lo invadieron las ganas de vomitar. 


Cuando regresó a donde su madre, esta lo tomó de la mano y le dijo que todo estaría bien. Whitney solo sonrió para no preocuparla. La pobre mujer ya había tenido suficiente con los dos primeros días de Whitney en casa. No quería que pensara que intentaría otra locura.


Por el momento, lo único que quería hacer era ver a Clark.



La mañana siguiente y en contra de las recomendaciones de su madre, Whitney se levantó temprano y partió en el auto. Su madre lo cubriría durante la mañana.


Su pierna ardía cada vez que pisaba el acelerador, pero ya habría tiempo de sentirse adolorido. Por el momento sólo quería asegurarse de que Clark seguía de una pieza. El problema es que también él tendría que llegar de una pieza con los Kent, así que tuvo que ir despacio y con calma para que la pierna no se le acalambrara a la mitad del camino.


Después de tomarse el doble de tiempo de lo esperado, por fin las llantas del auto chocaron con la gravilla de la entrada, anunciando que había llegado a su destino. Jonathan abrió los ojos de par en par en cuanto lo vio.


—Lamento no haber avisado —dijo Whitney con su mejor sonrisa de disculpa—. ¿Puedo verlo? No importa si solo son cinco minutos.


—Por supuesto, tómate el tiempo que necesites —Jonathan le dijo con una mano en el mentón—. Ya está mejor, pero sigue durmiendo.


—¿Qué dijeron en el hospital? —preguntó Whitney mientras entraba.


—La doctora Bryce lo está atendiendo en casa.


—Si está contaminado de lo mismo que la señora Kent, ¿no sería mejor que fuera a un hospital? —Whitney enarcó una ceja.


—Clark tiene necesidades médicas especiales, además la Doctora Bryce es muy competente, no habrá ningún problema —Jonathan con dureza.


Whitney entrecerró los ojos, pero lo dejó ahí. Lo último que quería era pelear con Jonathan Kent en esas circunstancias tan deplorables, aunque la situación seguía sin gustarle. Tal vez los Kent eran de esas familias que creían en la medicina New Age, pero entonces no tendría sentido que Martha estuviera hospitalizada. Seguro que era una rareza única, propia del rompecabezas de Clark Kent, como Lana lo solía llamar.


Pese a que se había hecho una imagen mental con base a los síntomas que Clark había descrito de su propia madre, nada lo preparó para lo que encontró en la sala. El joven estaba recostado en el sofá, respirando de forma superficial con la cabeza empapada en sudor.

Sus venas tenían un tinte verdoso, y el resto de su piel tenía un tono mortecino, como si estuviera a punto de dar su última exhalación.


Whitney tuvo que hacer su mejor esfuerzo para reprimir las lágrimas. De pronto se sentía de nuevo en el hospital el día que su padre fue declarado muerto. Este había mostrado la misma textura escamosa en la piel, los labios carentes de color rosado. Más que sentarse, Whitney se desplomó en el sillón junto a Clark.


—Siéntete como en casa —Jonathan le dijo, y prudentemente salió de la habitación. Whitney asintió, incapaz de pronunciar palabra. Tuvo que jadear para poder librarse de la molesta acumulación de emoción en su garganta.


—Hola Clark —dijo despacio, como si eso pudiera hacer que el enfermo lo escuchara mejor. Le respondió el silencio—. Qué raro, ¿no? Hace casi dos años estaba feliz de haberte dejado atado ese día en el maizal, y mírame ahora. Debe ser el karma.


Se rió sin gracia de su broma, y se limpió una lágrima tan rápido como escapó de su ojo. Trataba de hacer caso a sus propias palabras y no exager,ar cuando Clark seguía vivo. Sin embargo, era difícil hacerlo cuando Clark estaba tan callado, tan demacrado.


—No te rindas aún Clark —continuó—. Apenas y nos conocemos. Todavía quiero saber de tí, y sobre todo, tengo que corregir tus errores de gramática en esas historias que escribes para La Antorcha —otra risa sin gracia.


Tuvo que pausar, porque un sollozo amenazaba con salir, pero lo detuvo a tiempo. Cerró los ojos con fuerza hasta que la sensación desapareció.


—Solo resiste, ¿okay? —dijo casi en un susurro—. Ya tuve suficiente con lo que le pasó a mi padre.


Y entonces lo más increíble sucedió. Clark se reacomodó en su lugar y dijo con voz débil, casi imperceptible:


—¿Whitney?


De inmediato Whitney sintió que le quitaban un enorme peso encima. Sin pensarlo, tomó la mano de Clark con delicadeza.


—Aquí estoy.


Clark no dijo nada, pero apretó su mano con fuerza. Whitney se quedó así varios minutos, acariciando el dorso de la mano de Clark con el pulgar. No trató de darle una explicación a lo que pasaba o por qué lo hacía. Por primera vez desde que Clark lo había visitado, se concentró en sentir en vez de racionalizar. Y lo que sentía era una calma infinita.


Unos pasos llegaron a sus oídos, y lo soltó con cuidado. Jonathan entró a la habitación con una compresa de hielo.


—Mejor lo dejo descansar —Whitney se puso de pie, rechazando con amabilidad la ayuda de Jonathan para levantarse.


—Cuídate, Whitney —se despidió Jonathan de mano, antes de que Whitney entrara a su propia camioneta.


El camino de regreso siguió teniendo un aire melancólico, pero esperanzador. Whitney no podía esperar a que Clark despertara, y así pudieran escuchar juntos todos los EPs de Coldplay si así se lo pedía el chico.


10/03/25

Manecillas, Capìtulo 19

EXODUS

19

Clark despertó al día siguiente sintiendo como si le hubieran arrancado una parte de sí mismo.


Creyó que decidirse por Lana aclararía su mente, y que podría continuar con su vida en paz, pero durante el ensayo de boda las cosas se complicaron. Una intensa jaqueca le indicó que debía volver al granero, donde el Dr. Waldon apareció con fuertes poderes y la intención de asesinarlo; Clark sobrevivió por poco, aunque el doctor por otra parte terminó incinerado. Aunque lo había provocado él mismo, la culpa caía sobre Clark como brasas de kriptonita.


Lana lo fue a visitar después de que el ensayo de boda terminó, y aunque aligeró la carga en su corazón, por la madrugada la voz llamó de nuevo, esta vez para que fuera a donde la nave estaba guardada.


Jor-el le exigió que dejara todo lo que conocía en Smallville y  obedeciera su voluntad. La negativa de Clark le ganó una quemadura en el pecho, como si fuera una vaca marcada a base de acero y calor, la propiedad de Jor-el.


Después de eso y de la muerte del Dr. Waldon, le quedó claro que debía hacer lo que fuera para evitar su destino, pero evitando implicar a más personas, incluso sus padres, para causar la menor cantidad de daño posible. Pero Jorel le advirtió que si seguía rechazando su destino para el atardecer del día siguiente, habría consecuencias graves.


En su desesperación, lo único que se le ocurrió para evitarlo fue destruir la nave usando la llave de Kriptonita que Lionel había diseñado. Aunque no podía imaginar qué efectos secundarios traería, era lo único que se le ocurría para romper los lazos con Jor-el para siempre. Con ayuda de Pete, que distrajo a Lionel, robó la llave de kriptonita. Solo quedaba la última parte del plan.


Le dijo a sus padres que se adelantaran a la boda de Lex, cuando aún faltaban horas para el evento. Destruir la nave tomaría un segundo, pero no tenía el valor de hacerlo todavía, así. No sabía si funcionaria, si seguiría siendo la misma persona cuando lo hiciera, si de verdad podría volver a las personas que le importaban, pero la decisión estaba tomada, solo quedaba mentalizarse del todo.


Lana fue a verlo un par de horas antes de la boda, para ver si estaba listo, pero Clark también le pidió que se adelantara. Antes de que ella se fuera, sin embargo, la miró con atención para hacerse una imagen mental que pudiera llevar consigo siempre, junto al resto del pueblo que la había visto crecer. Había hecho paz con el hecho de que tal vez no volvería a ver a su familia, pero estaba bien con eso si significaba que estarían a salvo de cualquier plan que Jor-el tuviera. Se había despedido de sus padres, de Lana, de Pete. Pero aún quedaba alguien a quien ver por última vez.


Aunque no tenían mucho tiempo de tratarse, Whitney había dejado una marca indeleble en el corazón de Clark, con cada una de sus sonrisas, atenciones y bromas malas. No podía simplemente ir sin dejar nada. Aunque hubiera puesto distancia entre los dos para poder reavivar su amor por Lana, no podía negar lo mucho que le afectaba el tan solo pensar en él. Un adiós era lo mínimo que merecía.


Corrió hasta la casa Fordman para no perder más tiempo, y con suerte no había nadie en el patio como para notarlo. Tocó cuatro veces, y a los segundos tocó de nuevo, mientras sentía las omnipresentes manecillas del tiempo volverse navajas que amenazaban con degollarlo.


Abrió la señora Fordman.


_Buenas tardes _dijo Clark con voz temblorosa_. Lamento haber tocado así a la puerta, es que necesito ver a Whitney, es urgente.


La mujer ladeó la cabeza y lo miró con incredulidad.


_¿No te lo dijo?


_¿Perdón?


_Whitney se reenlistó con los Marins. Ya se fue a la estación de autobuses. Me dijo que ya se habían despedido.


Clark sentía que se quedaba sin aliento, pero intentó sonar relajado.


_¿Sabe a qué hora se va su autobús?


_Se va como en diez minutos _la mujer miró su reloj y luego lo miró con lástima_. Pero es la estación a las afueras de Smallville.


_No se preocupe, gracias.


Tan pronto como la mujer cerró la puerta, emprendió el recorrido, esperando que no fuera demasiado tarde. Tarde para ver a Whitney, ni para destruir la nave.



Cuando llegó a la estación de autobuses, faltaban tres minutos para partir. La estación era pequeña, como todos los establecimientos en Smallville, y solo se veían tres autobuses estacionados y cuatro personas con maletas, pero Whitney no era una de ellas.


Entró a la taquilla. No estaba. Luego a los baños. Nada. Rodeó las afueras del edificio, con una parte de él temiendo que el autobús se fuera antes.


Sin embargo, en la parte posterior de la estación, donde el edificio generaba una sombra larga, había un joven de cabellos dorados que estaba recargado contra la pared descarapelada, de pie y con los ojos cerrados. El musgo a su alrededor y la altura del pasto, sobre el que una maleta descansaba, indicaban que rara vez había alguien allí para siquiera hacer aseo; era como si Whitney se estuviera refugiando en un punto muerto. Clark creyó que sentiría alivio en cuanto lo viera, pero todo lo que albergaba era furia.


_¿No pensabas decírmelo? _gritó mientras se acercaba. Whitney abrió los ojos sobresaltado, pero se relajo un poco en cuanto vio de quién se trataba.


_¿Cómo lo…?


_Tú madre me lo dijo _Clark rechinó los dientes_. ¿Por qué no me lo dijiste?


Whitney lo miró, sin una pizca de molestia o sorpresa ante el tono de voz que el otro chico usaba. Se veía cansado sin más, derrotado incluso.


_No quería despedidas, lo haría más difícil _Whitney se cruzó de brazos y miró al suelo_. Y no creí que te importaría.


_¿Cómo puedes creer que…? _Clark se pellizcó el puente de la nariz y trató de bajar la voz_. Ni siquiera sabía que estabas lo suficientemente sano como para irte.


_Lo habrías sabido si hubieras contestado mis llamadas _Whitney dijo con su boca formando una línea recta. Clark se quedó callado.


_No tengo excusas para lo que hice. Lo siento.


_Ya no importa, esto hubiera pasado igual _Whitney tomó su bolsa y se la puso al hombro_. Ambos merecemos algo más que tú ofreciéndote caridad.


Clark puso ambos brazos en la pared, rodeando a Whitney, pero ni por eso este alzaba la vista. Clark sentía una presión en el pecho.


_¿En serio crees que eso eres para mí? ¿Una simple caridad? _se le quebró la voz_. No tienes idea de lo que significas para mí.


Whitney no dijo nada. Se quedó mirando al pasto muy atento. Clark usó su dedo índice para levantar el mentón de Whitney con suavidad, haciendo que se miraran de nuevo. Los ojos del rubio tenían una inocencia casi infantil, como si su inocencia estuviera a punto de volverse añicos.


_¿Entonces qué soy? _dijo tan bajo que Clark apenas lo escuchó.


Había tantas respuestas que podía darle, que necesitaba darle. Sus pensamientos se alentaron y aceleraron al mismo tiempo, un revoloteo inconfundible en su estómago. La respiración de Whitney cosquilleaba sus labios, lo hacían desear estrecharlo entre sus brazos y no soltarlo jamás. Le habría dado el mundo entero si así se lo hubiera pedido. Daba igual lo que el resto del mundo pensara. 


Pero no había promesa de que las cosas pudieran continuar entre ellos después de destruir la nave. Si el plan no funcionaba, Clark temía volverse alguien que Whitney no reconociera, que descubriera por fin la clase de monstruo que era. Le había fallado a Lana demasiadas veces, y a todas las personas que conocía. El simple hecho de amarlas era suficiente para demoler sus vidas. No podía atar a Whitney también, no cuando por fin había recuperado sus alas.


_Eres mi amigo _dijo mientras su corazón se partía en dos.


Whitney no dijo nada. Su boca se torció en un gesto similar a una sonrisa burlona mientras sus ojos se humedecían. Le tomó varios parpadeos hacer que se secaran.


_Cuídate, Clark _dijo con voz ronca.


Clark bajó los brazos y Whitney caminó unos metros, pero se detuvo en seco y volvió con pasos veloces. 


_¿Whit-?


El rubio lo tomó de los hombros y lo empujó contra la pared en un estruendoso sonido. Clark no ofreció resistencia. Antes de saber lo que pasaba, los labios de Whitney estaban sobre los suyos.


Clark tenía la fuerza para detener autobuses y levantar tractores, y aún así era incapaz de moverse un milímetro. El tiempo se congeló junto a su respiración. Uno a uno sus músculos se relajaron, y cuando el último lo hizo, sus párpados se cerraron, entregándose por completo a la sensación.


Lo que comenzó como una colisión estrepitosa de bocas, dos rocas tallandose una contra la otra, se convirtió en un juego de lenguas tratando desesperadamente de aferrarse a otro fébril momento. Clark quería saborear cada centímetro de los labios de Whitney, hasta devorarlo por completo. Enterró sus manos en el cabello rubio, y fue recompensado con un gemido desmesurado. De pronto el mundo giraba alrededor de Whitney, tan rápido que Clark saldría disparado en cualquier momento, por lo que se dejó caer contra la pared mientras el otro chico acariciaba sus mejillas, recordándole que seguía en el planeta tierra.


Durante los siguientes meses, Clark pasaría cada noche deseando que ese momento nunca hubiese terminado, y así Whitney no habría subido al autobús, y Clark no habría destruído la nave, y por lo tanto su madre no habría perdido al bebé, y Clark nunca se hubiera vuelto a sentir solo. Pero solo tenían el aquí y el ahora que, eventualmente, terminó.


Whitney se despegó de Clark con la misma fuerza con la que lo había besado, y se limpió los labios, las mejillas, el cuello. Sus mejillas estaban coloradas y su cabello alborotado. Jamás se había visto tan hermoso.


_Tenía que hacerlo _Whitney dijo jadeante, mientras retrocedía_. Al menos una vez.


Avanzó hasta el autobús, sin mirar atrás ni una sola vez, y Clark permaneció en la estación hasta que el vehículo se marchó. 


Había llegado el momento de que cada uno continuara con las decisiones que había tomado, y vivir con el peso de las consecuencias.


Casi cambia de decisión cuando Lana le dijo que lo necesitaba. 


Había encontrado el anillo de kriptonita roja que Chloe guardaba en la escuela, y con eso todo se volvió más fácil, o se volvería más fácil con el tiempo. 


Después de la forma en que su padre lo miró en el hospital, después de la forma tan desconsolada en que su madre lloró cuando supo que había perdido al bebé, Clark comprendió que no podría seguir viviendo consigo mismo sin acallar el dolor y dejar todo atrás. Así que partió a Metrópolis. Jor-el había tenido razón cuando le dijo que desobedecer solo traería desgracia. Pero ahora no tenía nada que perder.


Lo único que llevó consigo fue la motocicleta de su padre y una chaqueta de cuero. Todo lo demás lo conseguiría una vez que la kriptonita roja le dijera qué hacer. 


La última vez que habló con Lana antes de ponerse el anillo, ella le dijo entre lágrimas:


_Te amo, Clark.


Y por más que lo intentó, no pudo decirle las palabras de vuelta. Y entendió que no importaba cuánto tratase de convencerse a sí mismo de lo contrario, el amor de Lana jamás sería suficiente. Y por lo tanto su propio intento de amor tampoco lo sería. Whitney se había llevado la poca energía que le quedaba para resistir, para olvidar que su mundo se desmoronaba, y no tenía a nadie más a quien culpar que a sí mismo.


Clark se puso el anillo, y tan pronto como los efectos de la kriptonita viajaron igual que sangre en sus venas, sus sentimientos y penas se convirtieron en un borrón lejano.


Arrancó la motocicleta y se fue, al igual que Whitney, sin mirar atrás.

Manecillas, Capítulo 18

18

Su rodilla ya no dolía ni siquiera al correr o hacer movimientos bruscos. Si él lo deseaba, podía volver a los Marins.

Pero algo en su pecho tiraba de él cada vez que se imaginaba de nuevo allí. No era el miedo a morir, era el hecho de irse y dejar atrás lo poco que le importaba. Clark, específicamente. 


Aún cuando ya no se veían con frecuencia, o cuando Clark prácticamente lo ignoraba en cada oportunidad, su mente volvía inevitablemente a él. Había noches en las que el dolor en su pecho era demasiado cuando pensaba en el granjero.


Si se iba de Smallville, podría parar ese sufrimiento, o al menos ponerle pausa. Pero se veía incapaz de tomar una decisión, cuando una parte de su cabeza le decía que la esperanza no estaba muerta del todo. Sí, Clark estaba pretendiendo a Lana, ¿pero la situación cambiaría si Whitney ponía las cartas sobre la mesa?


Se aferraba a la remota posibilidad de que aquellos pequeños momentos, que eran imperceptibles para el resto del mundo, hubieran significado tanto para Clark como lo hacían para él. Si pudiera alcanzar una parte de su corazón que respondiese a sus sentimientos, tal vez al fin tendría una oportunidad, y no habría razón para marcharse. Pero solo había una forma de averiguarlo.


_Clark, hay algo que tienes que saber. Clark, quiero decirte algo. Clark, tengo ciertas inquietudes. Joder, ¿quién dice inquietudes? _Whitney se arregló el cabello mientras miraba el espejo retrovisor.


Había pasado todo el camino buscando una forma de expresarle sus sentimientos a Clark, pero todas parecían o cursis o quirúrgicas. Sólo quedaba estar frente a él y esperar que las palabras salieran de forma natural. No era ajeno a coqueteo y palabras sentidas, alguna vez las chicas habían hecho fila para salir con Whitney, después de todo. Pero esas chicas no eran Clark. Las náuseas en Whitney crecieron, habría devuelto el estómago de no haber estado a cargo del volante.


Para su desgracia, llegó a la granja Kent más rápido de lo que esperaba. En la casa no había nadie, así que probó suerte yendo al loft


La voz de Clark retumbaba por todo el granero. Imitaba sin éxito la entonación de un locutor de radio, y se detenía cada tantas líneas, para luego empezar desde el comienzo.


_¿Acaso piensas conducir un episodio de Price is Right? _Whitney dijo desde abajo, parado junto a las escaleras. Clark sonrió en cuanto lo vio, pero su expresión volvió a una expresión neutral al segundo siguiente.


_Hola Whitney _dijo con voz temblorosa. Tenía un traje y una corbata puestos.


_Claro, el ensayo de boda _Whitney maldijo por lo bajo, había olvidado por completo el evento_. Tal vez debería irme.


_No, pasa _dijo Clark con voz recatada, pero sus ojos ardían, aunque Whitney no podía imaginar la causa.


Whitney subió las escaleras tan pronto como escuchó esas palabras.


_Sirve para que me ayudes _dijo Clark mientras se sentaba en el sofá_. No tengo idea de cómo empezar mi discurso. O continuarlo, o concluirlo.


_Lo más difícil es comenzar _Whitney dijo con voz casual_. Una vez que tengas el principio, lo demás vendrá sólo. Y si no, no te preocupes, Kent. Lex conoce tus habilidades en público, tal vez espera que todos se rían de tí para relajar el ambiente.


Clark empujó el hombro de Whitney con el suyo, un gesto juguetón en su rostro. La sonrisa en el rubio se dibujó antes de que pudiera saber lo que pasaba. Era justo como cuando eran amigos, antes de que las cosas se complicasen. Por un momento se miraron sin decir nada, y Clark relajó los hombros, mientras el aire se cargaba de algo invisible pero embriagador. Los sentimientos de Whitney burbujeaban en su boca, por fin formando palabras coherentes listas para explotar. Tenía que ser allí y ahora.


Clark se aclaró la garganta y se puso de pie.


_Tal vez me cuesta pensar en lo que diré porque mi mente mezcla la boda de Lex con mis sentimientos por Lana.


Una nube oscura se posaba en el corazón de Whitney.


_Les ha ido bien últimamente.


_Sí, todo ha ido de maravilla. Lana es increíble _Clark dijo con tono tan contundente que parecía que quisiese convencerse a sí mismo.


_Hablé con Lana hace poco. Me dijo que van en serio.


_Sí, es genial. Lo he deseado por tantos años, es genial que pasara al fin. Genial de verdad. Genial.


Whitney miró la ventana. El día se escurría de sus manos, al igual que el corazón de Clark.


_¿Entonces ya son novios? _Whitney se aferró al cojín del sofa para disimular que las manos le temblaban.


_Eso estoy por preguntarle _dijo Clark, con una sonrisa nerviosa_. Aunque no sé si es lo correcto. Es que yo… _Clark cerró la boca de inmediato, respiró profundo, luego continuó_. No quiero incomodarte.


_¿Eso es todo?


_Sí. Tu amistad es importante para mí. Y si aún sientes algo por Lana-


_¿Me estás pidiendo permiso para ser novio de Lana? _Whitney rió con la poca fuerza que le quedaba.

_Sé que suena ridículo _Clark le devolvió la sonrisa_. Pero me importa tú opinión. ¿Crees que deba hacerlo? 


Whitney inhaló con fuerza, y le clavó los ojos.


_No necesitas mi permiso Clark _soltó una carcajada estrangulada_. A menos claro que hubiera alguien más.


Clark no apartó la vista. Su gesto cambió a uno contemplativo, como si estuviera a punto de abrirlo por la mitad y examinar cada una de sus entrañas. Whitney contuvo la respiración, como una presa que espera la bala del cazador. Era una suerte de conversación silenciosa que supera el lenguaje hablado. Whitney se sentía desnudo, sensible a toda clase de inspección, para luego ser llevado al matadero o a ser salvado. Todo pasó en un segundo.


_No. Solo es Lana. Siempre ha sido Lana.


Whitney tragó saliva con dificultad, mientras intentaba que sus ojos no se humedecieran. Clark ahora lo miraba como si fuera un cachorro lastimado, pero antes de que dijera algo, Whitney se puso de pie, con la adrenalina en su cuerpo siendo el único impedimento para que se cayera a pedazos.


_Entonces no entiendo por qué estamos teniendo esta conversación. Te irá bien, es obvio que Lana se muere por ti _fue a las escaleras usando la velocidad máxima antes de que pudiera considerar que corría_. Salúdamela cuando la veas en el ensayo.


_¡Whit! 


Volteó ante la voz, aún con esperanzas de que Clark cambiara de opinión. Era un iluso de primera.


_¿Venías a decirme algo? _dijo Clark.


Whitney esperó varios segundos para que sus labios dejaran de temblar, luego forzó a sus cuerdas vocales a funcionar de nuevo.


_Era algo sin importancia, tal vez luego. Suerte con Lana.


Y Whitney se fue sin esperar una respuesta.


Luego de entrar al auto, cerró la puerta de un portazo. Respiraba por la boca para ahuyentar las lágrimas. Durante el camino de regreso, se repetía a sí mismo que eso era lo que tenía que pasar, que así funcionaban las cosas. Clark se quedaba con Lana, y Whitney se apartaba. A su mente volvió la invitación del sargento.


En retrospectiva, la decisión ya estaba tomada desde hacía mucho tiempo.

Manecillas, Capítulo 17

CALLING

17 

Las semanas habían pasado en un abrir y cerrar de ojos. Cuando Clark se dio cuenta, el ensayo de la boda sería el día siguiente. Y sin embargo Clark estaba con los pelos de punta por otro motivo.


Seguía pensando en lo que había descubierto gracias al Doctor Swann, que sería el conquistador de la tierra. Su mente no dejaba de pensar en lo que habría más allá de las estrellas visibles, del destino que su padre biológico estaba empeñado en imponer incluso si estaba muerto. Quería poder elegir por primera vez en su vida.


Estaba tan enfrascado en sus preocupaciones que no escuchó cuando Lana terminó de subir las escaleras del loft.


_¿Estudiando tarde? _Lana dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Con sus manos sostenía una caja.

Clark volteó hacia el reloj de su mesa de noche. Ni siquiera se había dado cuenta de que faltaban siete minutos para la media noche.


_Tengo que adelantar tarea, el fin de semana estaré muy ocupado por la boda _Clark miraba la caja con un mal presentimiento. Deseaba de todo corazón que no fuera un regalo_. ¿Se supone que adivine qué hay allí?


_No _Lana lo miró con curiosidad_. Se supone que cierres los ojos.


Clark hizo como le pidió, aunque a regañadientes. Si lo que pensaba era correcto, puede que no le gustara la sorpresa. 


Cuando Lana le pidió que abriera los ojos, frente a él había un pastel con una cuantiosa cantidad de velas. 


_Sé que técnicamente no es tu cumpleaños hasta dentro de siete minutos, pero quería celebrar _Lana le dijo con mirada ilusionada, lo que le causó incluso más culpa a Clark, que sentía que su estómago se encogía. Se alejó del pastel de la forma más cortés que pudo, y se volvió al marco de la ventana.


_¿Pasa algo? _Lana le dijo con voz suave.


_No es mi cumpleaños en realidad _Clark soltó_. Sólo es una fecha que mis padres eligieron durante el proceso de adopción.


Hacía años que Clark había dejado de celebrar su cumpleaños. Con cada nuevo pastel, más recordaba que Martha y Jonathan no eran sus padres biológicos, que esos estaban a miles de kilómetros de distancia, como había sido durante tantos años. Esta ocasión era peor, porque ahora cabía la posibilidad de que Clark fuera el último descendiente de una raza que planeaba conquistar la tierra, si los mensajes en su nave espacial eran correctos. El pastel de Lana era un recordatorio de lo delicada que era la vida que había construido. Un aleteo de mariposa sería suficiente para destruir todo a su camino.


Era una fortuna que Lana fuera una santa, porque se acercó a Clark con el pastel, y le dijo con voz dulce.


_Aún así, algunos queremos celebrar el hecho de que llegaras a nuestras vidas.


El corazón de Clark se sintió aún más cálido. Lana no tenía la culpa de lo que planearan sus padres kriptonianos, ni siquiera sabía algo de lo que pasaba. Sólo estaba allí, cuando era casi medianoche, para pasar tiempo con Clark porque lo quería, y eso significaba el mundo. Pensar en eso le sacó una sonrisa a Clark, que a su vez ensanchó la de Lana.


_Pide un deseo. 


Clark lo meditó un segundo, pero llegó a la conclusión obvia.


_Desde que tenía cinco años, he deseado la misma cosa, pero ya no necesito soplar velas _Clark retiró con cuidado el pastel de las manos de Lana y lo puso sobre la mesa_. Lo que siempre he querido está justo frente a mí.


Lana abrió los ojos, expectante. Las velas reflejaban una luz sobre sus mejillas que la hacía ver etérea. Clark se acercó a su rostro, mientras ella cerraba los ojos. Lana se humedeció los labios. Justo igual que…


Clark se apartó de golpe. De repente el cuarto ya no le parecía salido de ensueño, era la misma astillada y sucia madera de siempre. Y Lana ahora se veía como una buena amiga. Era como recibir un balde de agua fría en medio de un baño de burbujas.


_¿Clark?


No podía verla a los ojos. No cuando lo único que estaba en su cabeza en ese momento era Whitney. 


Las cosas habían ido bien entre Lana y Clark. Habían estado muy unidos desde lo que pasó con el “fantasma” de Emily, lo único que faltaba era formalizar las cosas. Ese beso habría sido perfecto para cerrar el trato. Era hermosa, amable, inteligente y determinada. ¿Por qué no podía quererla? Se lo preguntaba mientras miraba por la ventana.


_Tal vez deba irme _Lana dijo mientras se apresuraba a las escaleras con la cara roja y sin sonrisa.


_Lana…


Ella volteó en su dirección con una sonrisa torcida y dijo antes de marcharse.


_Feliz cumpleaños, Clark.


Clark pasó la noche en vela. Y por supuesto, fue porque no dejaba de pensar en Whitney.



La mañana siguiente, caminó hasta la cocina con la cabeza cabizbaja. Sólo planeaba desayunar una manzana y un pan tostado ya que sentía náuseas, pero no supo si debido a su insomnio o a los sentimientos arremolinados en su cerebro al punto de la somatización


Su madre estaba cocinando en la mesa, revolviendo mezcla para galletas, lo que le recordó a las galletas que la señora Fordman hacía. Cómo deseaba en ese momento ir a visitar a Whitney, comer con él y su madre, y luego encerrar al chico en su habitación toda la noche mientras hablaban de todo y nada a la vez, después claro de hacer cosas que no se atrevía a nombrar ni siquiera en su mente.


_¿Perdón? _Clark recordaba vagamente que su madre había dicho algo.


_Decía que si ayer te fue bien con Lana _dijo su madre con una sonrisa suspicaz.

_¿Estabas espiando? _sólo entonces Clark captó que alguien tendría que haberle dado su fecha de nacimiento a Lana. Su madre le leyó el pensamiento de inmediato.


_Ella me pidió la fecha. Sé que no somos mucho de celebrar cumpleaños, pero pensé que te haría ilusión si Lana lo celebraba contigo.


_Fue un buen detalle, gracias _Clark le dijo con una sonrisa que se desbarató tan pronto como se formó.


_No era mi intención incomodarte.


_No es eso _Clark se sentó junto a su madre mientras tomaba una manzana del cesto en la mesa_. Sólo tengo una duda. ¿Tú crees que el amor crece?


_Por supuesto _Martha dijo al instante_. Con cada día que pasa, amo más a tu padre, por mucho que crea que no es posible. Después de todo lo que hemos pasado juntos, creo que hemos construido algo muy firme, pero no se logra en un día.


_¿Entonces es normal si alguien no se siente tan apasionado al iniciar una relación?


_A veces pasa. Hay matrimonios arreglados que con el tiempo desarrollan sentimientos sinceros. Muchas personas mayores dejan de sentirse locamente enamoradas de sus esposos, pero el amor perdura, y son felices con ello. Aunque es normal que a tu edad eso no parezca posible, creéme, lo entiendo.


_¿Te pasó con papá? _Clark dijo con sonrisa pícara. Martha sonrió.


_Recuerdo que casi me vuelvo loca en nuestra primera cita. No podía creer que fuera a cenar con un hombre tan guapo. Y cuando me contó que le gustaba trabajar duro en el campo… eso le sumó muchos puntos.


Martha vació la mezcla de las galletas en un molde, luego continuó.


_Pero no les pasa igual a todos. No te preocupes si Lana no luce tan apasionada como te gustaría, esos sentimientos pueden crecer.


_Entiendo _Clark dijo, feliz de que su madre no entendiera a quién se refería en realidad. Su madre le puso una mano en el hombro.


_Sólo recuerda, sé comprensivo, y no trates de convencerla de hacer algo para lo que no está lista.


La cabeza de Clark ardía lo suficiente como para cocinar huevos hervidos sobre su frente, pero ni eso lo distrajo de su dilema. 


¿Podría lograr que sus sentimientos por Lana crecieran? Su madre lo había dicho, ese amor loco, desenfrenado, del que tanto hablaban en las películas, podía cultivarse. ¿Qué pasaba cuando ya lo sentía por alguien pero quería desarraigarlo? Conforme amara más a Lana, podía ser que sus sentimientos latentes por Whitney se fueran, era lo lógico. Sólo tenía que estar dispuesto a dar el paso. Tenía que comprometerse emocionalmente con Lana, y entonces podría hacer que sus sentimientos se nivelaran de la forma en que su amiga lo merecía.


No pudo seguir considerando el tema porque Lex llegó en ese momento a la casa, a tiempo para hablar con Jonathan. Ya que Lionel no estaba invitado a la boca, Lex le pidió a los Kent que se sentaran junto a él durante el ensayo de la boda, para ocupar el lugar de sus padres, a lo que Martha y Jonathan aceptaron gustosos. Después de eso pasaron a hablar de la lista de invitados.


_Y no te preocupes Clark _dijo Lex_, me aseguraré de sentarte a lado de buena compañía.


Clark sonrió por obligación, sabiendo lo que eso significaba. Después de lo que había pasado la noche anterior, dudaba que estar con Lana el día del ensayo fuera a terminar en algo bueno. Con suerte arreglaría las cosas a tiempo.



Cuando llegó al talón, Chloe y Lana conversaban animadamente en la barra sobre lo que Lana se pondría para la boda. Lana estaba arreglando la cafetera y tenía unas bolsas oscuras bajo los ojos. Clark entrecerró los ojos ante el resplandor de la luz artificial en el local.


_¿Y esas ojeras? _Chloe bromeó_. No me digas que te quedaste despierto hasta la una igual que Lana.


Clark no supo qué decir. Miró a Lana en busca de una pista, pero su rostro decía que también estaba en blanco. Si Chloe estaba tan de buen humor, quería decir que no sabía del pastel del cumpleaños, pero las miradas de Lana y Clark fueron suficientes para que conectara los hilos. De inmediato su sonrisa desapareció.


_Por supuesto _Chloe susurró.


Pete llegó a salvar el día, pues Chloe iba a estudiar con él, lo que paró la conversación en seco.


_¿Todo bien? _dijo Pete mientras Chloe metía sus cosas a la mochila como si quisiera que entraran a un bolsillo secreto que estaba hasta el centro de la tierra.


_Sí, sólo pensaba en gente que no es honesta consigo misma.


Lana la miró confundida mientras la rubia y Pete se alejaban, pero Clark no necesitaba más contexto. Aunque no importaba lo que Chloe pensara de él. No estaba siendo deshonesto con nadie si de verdad pensaba ir en serio con Lana. Iba a comprometerse a cuidar de ella y ser lo más afectuoso posible, los sentimientos intensos llegarían después. No era una mentira si creía que con el tiempo podría amar a Lana. La decisión estaba tomada. Lo único que restaba era seguir el plan.

_Te debo una disculpa por lo que pasó ayer _dijo Clark.


_No, fue mi culpa, creí que la conversación iba en una dirección errónea.


_No te equivocaste, me asusté en ese momento, es todo _Clark dijo con su mejor sonrisa_. Pero quiero que lo nuestro pase. Estoy listo.


_Lo que pasó ayer fue un error, Clark _Lana le dijo con voz seria_. Esto no solo nos implica a nosotros, sino también a Chloe. No quiero que termine lastimada por nuestra culpa. Tal vez por eso ayer te alejaste, en el fondo lo sabes.


_Te digo que solo fueron nervios. Yo quiero estar contigo _Clark dijo, determinado.


Lana entreabrió la boca, pero antes de pronunciar palabra salió de la barra y se fue caminando a limpiar una mesa.


_Tengo que trabajar.



Dado el nulo éxito en el Talón, Clark lo intentó de nuevo por la tarde.


La encontró cerca de la antigua casa de Nell, cabalgando sobre Donatello. Probablemente Whitney ya estaba sano para cabalgar también. Sacudió la cabeza, ese no era el momento de pensar en esas cosas.


Lana dirigió a Donatello hasta Clark en cuanto se percató de su presencia, luego bajó del caballo con la cara hecho un enigma.


_Hola _la saludó en voz baja. Lana lo miró todavía más preocupada.


_Clark, tal vez no es buena idea que hablemos _dijo mientras se abrazaba los brazos.


_Ya sé lo que piensas. Y estoy de acuerdo en que es complicado. Pero vale la pena intentarlo, solamente hay que contárselo a Chloe. Puede ser algo impulsiva, pero sé que será comprensiva siempre y cuando seamos honestos con ella.


_¿Cómo estás seguro?


_La conozco desde hace años, tú también. No es una mala chica _Clark la miró con cara de súplica.


_¿Y qué hay de Whitney?


Clark pestañeó. Le tomó unos segundos darse cuenta de que Lana no lo decía en forma acusatoria, al menos porque ella no tenía la misma información que Chloe. Clark suspiró y dijo lo más seguro:


_Lo tomará bien. En un buen amigo-


El día se aproxima.


Una voz resonó en su cabeza, como si se tratara de un pensamiento propio, pero tenía la voz de un hombre mayor, que hablaba como si diera una orden.


Clark intentó recordar lo que estaba por decir, pero la voz sonó de nuevo. El día se aproxima.


Había algo en esa frase tan imperativa que le causó un escalofrío, como un mal augurio.


_¿Estás bien?


_Lo siento, tengo que irme.


Y partió sin dar más explicaciones.


Durante el resto del día, la voz siguió repitiendo esa frase una vez tras otra. Y en efecto, resultó ser un prólogo al resto de cosas extrañas que ocurrieron ese mismo día.


El Dr. Waldon, que había quedado en coma por exponerse al poder de las cuevas Kawatchee, había recuperado la consciencia pero de inmediato había sido transportado a un hospital de alta seguridad debido a su conducta errática. Este escapó de su confinamiento al romper una pared de cristal, sin siquiera tocarla; a su paso había dejado una serie de marcas en idioma kriptoniano en las que Lex estaba muy interesado.


Cuando Clark fue a las cuevas a buscar más información, encontró a Lionel, que le explicó que ahora las cuevas Kawatchee estaban bajo la jurisdicción de Luthorcorp y que había construído su propia llave de kriptonita para poder descubrir los secretos de la nave espacial que desconocía era de Clark.


Y en medio de todo estos sucesos, la extraña voz seguía llamando.


Aunque habló del tema con sus padres, no halló ningún consuelo. Por primera vez su vida tenía sentido: la chica por la que siempre había suspirado compartía sus sentimientos, le iba bien en la escuela, y pronto se convertiría en hermano mayor. De pronto tenía demasiado que perder.


Aún así, no tenía tiempo de regodearse en su preocupación. El ensayo para la boda de Lex era ese día y no había terminado de escribir las palabras que daría a los presentes. Hizo a un lado sus problemas y esperó que ayudar a su amigo pudiera servirle como distracción, y con suerte también acallaría la extraña voz.