Manecillas, Capítulo 8

  08 Whitney se sentía culpable. La madre de Clark estaba en el hospital, y aún así su mente le daba vueltas al aparente rechazo que había s...

10/03/25

Manecillas, Capítulo 11

PRECIPICE

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Clark estaba terminando de lustrar el último bloque de madera en el establo. Era una tarea sencilla, pero se volvía más tediosa de lo usual cuando alguien más estaba en la habitación, pues no podía realizar la tarea con su super velocidad común. Aunque no por eso podía quejarse de la compañía.


—Creo que eso es todo —dijo Whitney mientras sacaba el último rastro de polvo con la escoba. Le había tomado un buen rato, en especial al balancear la escoba y su bastón.


—La idea es que no te sobreesfuerces —Clark se cruzó de brazos con una mirada desaprobatoria.


—La doctora dijo que ya podía intentar usar más las piernas para cosas más complicadas. Debo suponer que barrer entra en esa categoría.


—Pero aún así podrías lastimarte.


—¿Te preocupas por mí, Kent? —Whitney dijo mientras se recargaba en la pared junto a la única cuadra con un caballo dentro


Whitney había tenido la idea de limpiar el establo por sí mismo desde hacía semanas, pero Clark insistía en que se podía lastimar tratando de hacer todo el aseo en su condición, sobre todo si su caballo se asustaba y empezaba a golpear cosas, o peor, a él. Whitney le había asegurado que Tyson aún lo reconocía y no tendría ningún problema, pese a que la señora Fordman tampoco lo dejaba pisar pie en el establo para limpiar. El compromiso al que llegaron fue que Clark le ayudara.


—Si algo te pasa, seguro que tu madre me hace algo —contestó Clark.


—Eso no lo niego —al lado de Whitney, el único caballo en el establo relinchó. El chico extendió una mano dentro de la cuadra para acariciarlo—. ¿También le tienes miedo, Tyson?

Clark se acercó hasta donde estaba el caballo, un hermoso semental con pelaje marrón y una línea blanca en la frente. Este se acercó a la mano de Whitney para recibir más caricias.


—¿Desde cuándo lo tienes? 


—Papá me lo regaló cuando cumplí doce. Lo montaba para hacer carreras con Lana —su expresión se tornó triste—. Espero poder volver a cabalgar pronto.


—Lo harás —dijo Clark. Whitney le dirigió una mirada significativa—. Y entonces te ganaré todas las veces que compitamos.


—Por favor, soy un atleta nato —Whitney se mofó.


—Y yo me crié con las vacas. Soy más correoso de lo que crees.


—¿Y qué tal tu stamina?


—No podrías seguirme el ritmo ni cinco minutos.


Whitney abrió los ojos como toronjas por un segundo y lo miró de pies a cabeza, luego volvió a su expresión neutral, pero no sin que antes Clark entendiera cómo se podía malinterpretar su comentario, así que intentó acariciar a Tyson para disimular su rubor, pero el caballo se apartó de golpe.


—Hasta Tyson sabe que no eres digno —Whitney rompió la tensión con una carcajada, y eso fue todo.



Las cenas en la casa Fordman siempre tenían de fondo las noticias, que sonaban desde la televisión de la sala. Según contaba Whitney, desde que el señor Fordman había fallecido, su esposa no podía tolerar comer en silencio absoluto. Cómo ver reportajes sobre edificios en llamas era la mejor alternativa, Clark no tenía forma de saberlo.


Habían terminado de limpiar el establo cerca de las seis de la tarde, y la señora Fordman había invitado a Clark a comer crema de mariscos y tarta de manzana como agradecimiento, así que ahora estaban sentados a la mesa de la cocina.


—¿Cómo te va en la escuela, Clark? Whitney decía que eras todo un nerd —dijo la señora Fordman de manera casual.


—Mamá —Whitney se pellizcó el puente de la nariz.


—Pero sí lo decías.


—Pero ya no —Whitney bajó la vista con mejillas rojas y se metió una cucharada de sopa con la velocidad de una bala. Clark reprimió una carcajada.


—No me quejo —dijo Clark—, llevo buenas calificaciones, aunque a veces es cansado ir a clases y ayudar en la granja.


—¿Y sabes qué harás cuando te gradúes? 


—Quiero ir a la universidad, tal vez para estudiar periodismo, no estoy seguro todavía.


—Pues te irá bien con el periodismo si eres tan bueno escribiendo.


—¿Alguna vez ha leído La Antorcha?


—No, pero Whitney se la pasa hablando de lo que escribes.


Whitney dejó caer la cuchara en el plato y se cubrió el rostro con ambas manos, pero sus orejas estaban rojas como una esfera de navidad. Era lindo.


—¿Y qué has investigado últimamente?


—Para la antorcha, no mucho. Aunque hace poco nos dejaron una tarea en la que teníamos que investigar nuestro árbol genealógico.


—Eso es bueno —la señora Fordman le dio un sorbo a su cuchara—. Conocer a nuestros antepasados puede ser inspirador.


—Sí —Clark se puso a jugar con el contenido de su plato—. Aunque es difícil. Supongo que ya sabrá que soy… adoptado y eso.


Clark se quedó callado y miró la ventana, como si pudiera ver más allá de las estrellas.


No hace mucho había conocido al Doctor Swann, quien le había compartido un mensaje en el lenguaje de Krypton, el lugar del que descubrió venir, y no era muy alentador. El mensaje explicaba que era el último sobreviviente de su planeta de origen, y además su nave tenía otro mensaje, que sería el conquistador del planeta tierra.


¿Entonces nunca tendría oportunidad de conocer a alguien como él? ¿Siquiera quería conocer otros kriptonianos cuando un destino tan ominoso se había escrito  para él?


Todo empeoró cuando Cyrus Krupp, uno de sus compañeros, proclamaba venir de otro mundo, y por un momento Clark se permitió tener la ilusión de que no estaba solo, que había otro alien en Smallville, que lo entendía y que juntos podrían hacerle frente a cualquier prueba que se les viniera encima. Pero resultó que solo era un chico muy enfermo, que necesitaba ayuda con delirios causados por la muerte de su padres. Allí fue donde el último hilo de esperanza se deshizo.


—Lo siento —la voz de la señora Fordman lo trajo de vuelta al tiempo presente. Clark ni siquiera sabía cuánto tiempo se había quedado en silencio.


El sonido del temporizador de porcelana desinfló un poco de la tensión, y la señora Fordman se levantó para sacar la tarta del horno con más entusiasmo para compensar. Whitney lo miraba, contemplativo. Pero no dijo nada.



Cuando terminaron, la señora Fordman le dio las sobras en un topper y le dijo que volviera cuando quisiera, luego dejó que Whitney lo acompañara a su camioneta.


—Lo siento —Whitney le dijo mientras se rascaba la nuca—. Mi mamá a veces se pasa de la raya.


—No te preocupes —Clark le dijo, y movió una piedra del pasto con la punta del pie. Por más que lo intentaba, las comisuras de sus labios no se elevaban tanto como él quería—. Tu mamá es agradable.


—¿Qué ocurre? —Whitney se recargó en la puerta de la camioneta Kent con los brazos cruzados.


—No es nada.


—¿Pasa algo con el bebé de la señora Kent?


—No, de hecho está muy sano.


—Entonces, ¿seguro de que no es nada?


—Seguro.


—Entonces —Whitney se acercó a él—, hablamos mañana.


—Claro.


Clark estaba por abrir la puerta de piloto, pero entonces Whitney se acercó más y lo envolvió en sus brazos. Era más bajo que Clark por un par de centímetros, y su herida en la rodilla volvía a su balance un poco inseguro, pero el abrazo seguía siendo cálido. Clark devolvió el gesto de inmediato, con una sonrisa confundida en los labios. Mitigaba la añoranza casi por completo. De repente estar a millones de años luz de su planeta era tolerable. Clark se permitió disfrutar de la sensación unos segundos más de lo apropiado, y estuvo a punto de enterrar la cabeza en el hueco del cuello de Whitney.


—¿Y esto? 


—Parecías necesitarlo —Whitney se separó de él, con la vista clavada en el suelo. Clark lo imitó.

 

Clark se metió a la camioneta y se marchó. No dijeron más, ese abrazo había sido más que suficiente.