02
Clark había hablado con Lana la noche anterior. Le había contado los pormenores de la llegada de Whitney, así como la mirada de tristeza que inundaba sus ojos. Contrario a lo que el chico habría imaginado, Lana sonaba incluso más preocupada que antes de que llegara Whitney, lo suficiente para que Clark siguiera pensando en la conversación al día siguiente.
Pese a ser domingo, fue a la cocina a desayunar a las siete de la mañana, pues al terminar iría al pueblo para comprar fertilizante. Podría ir y regresar en un instante, pero necesitaba la camioneta para transportar la cantidad que necesitaba, y no quería levantar sospechas si por alguna razón alguien veía una figura borrosa cargando veinte costales en sus hombros a cien kilómetros por minuto.
Dio los buenos días mientras se acomodaba en su silla.
—Hola cariño —su madre saludó mientras le servía huevos revueltos—. ¿Lana te dijo si Whitney está bien?
—Dijo que tiene lastimada una pierna, pero está bien por todo lo demás.
—Menos mal —su padre dijo mientras le ponía azúcar a su café—. Ese chico ya ha pasado por mucho.
—Sí, creo que iré a verlo, pero mañana, debe estar muy agotado.
A Clark le sorprendía lo ansioso que estaba por hablar con Whitney. Después de todo, nunca habían sido amigos, pero parecían haber arreglado sus diferencias el día en que Whitney se fue, y lejos quedaba el rastro del novio posesivo que había atado a Clark a un poste en un maizal. Ya estaban en términos más o menos amistosos, y al final del día, sentía la responsabilidad de decirle que había cuidado de Lana justo como él le había pedido.
Sin embargo, parecía que Whitney no había querido ninguna fiesta ni a nadie más que Lana para recibirlo, lo cual Clark podía entender. Debía estar agotado por el trayecto y su misión, aunque siempre le había parecido la clase de chico extrovertido que recargaba su energía con fiestas y música estridente. Quizás el entrenamiento militar le había dado una nueva perspectiva.
—Haces bien, regresar de los Marins suena cansado. Pero lo importante es que debe estar feliz de volver a casa, y ver a Lana —dijo Martha, dirigiéndole a su hijo una mirada indescifrable.
—Supongo, aunque debe ser algo incómodo entre ellos —dijo Clark.
Pese a que había sido su idea ir a verlo en cuanto regresó, Lana había sido quien había dejado a Whitney por video, por lo que Clark no podía imaginar los complicados pensamientos que debían inundar la cabeza de la chica, y del rubio sobre todo. Si Lana cortara con él mediante un video pregrabado, no podría imaginar lo doloroso que sería volver a verla.
Esa idea lo llevó a su siguiente pensamiento, uno que había tenido desde que Tina se había hecho pasar por Whitney, y que lo hacía sentir culpable. Las cosas habían avanzado de maravilla en su no-relación-amistad con Lana en los últimos meses, y ahora que Whitney había regresado, era muy probable que todo ese progreso se esfumara incluso si no volvían a estar juntos. Los adolescentes habían tenido algo muy intenso durante el primer año de preparatoria, y sería incómodo que Clark y Lana intentarán algo romántico, ahora que Whitney se había hecho presente de nuevo.
—Iré a verlo —reiteró Clark, y se tragó sus celos junto a un pedazo de pan tostado.
—
La mañana era fría y tranquila. El cielo parecía pintado de acuarelas grises y blancuzcas mientras el aire anunciaba la pronta llegada del otoño, un clima perfecto para ir al pueblo.
Comprar diez tipos diferentes de fertilizante no eran los planes ideales de Clark para un domingo, pero al menos podía despejarse de las tareas domésticas y de los embrollos amorosos que existían mayormente en su cabeza, al menos hasta que lo vio.
Apenas se acercaba a la caja registradora cuando vio a las afueras de la tienda una figura conocida. La mata rubia dorada le confirmó de inmediato de quién se trataba. Estaba sentado en una banca cercana y miraba a la nada, con expresión en blanco, si no es que agotada.
Luego de pagar y dejar el material en la camioneta (había rechazado amablemente la ayuda del cajero para llevar el fertilizante al automóvil), se acercó a la banca, que estaba al final de la calle principal, frente a un parque. Whitney seguía allí sin mirar a nada en particular.
—Whitney —dijo con un tono cordial. Este no le respondió de inmediato, sino que alzó la cabeza con lentitud y enfocó la mirada enmarcada por bolsas en los ojos. Después de unos segundos su cara adoptó una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
—Kent —se limitó a decir. De inmediato la nariz de Clark fue invadida por el penetrante olor a alcohol.
—Escuché que volviste ayer, ¿cómo estás? —dijo mientras metía las manos en las bolsas de su suéter.
—Todo bien, no me quejo —aseguró, devolviendo la vista al frente, cada una de sus palabras acentuadas por el vaho que emanaba de su boca—. Supongo que fue Lana quién te lo dijo. No has perdido ni un segundo desde que me fui ¿o sí?
Whitney dejó salir una risa seca que asemejaba más bien a un resuello. Clark no lo imitó.
—Somos amigos —dijo, esperando que su indignación estuviera bien enmascarada—. Sólo he cuidado de ella, como dijiste.
—Lo siento —Whitney dijo con un tono más calmado, y se masajeó las sienes mientras cerraba los ojos—. Estoy algo sensible, debe ser la hora.
Clark miró la botella de vidrio vacía al lado del joven y se preguntó si esa sería la única razón. Whitney siguió su mirada y volvió a reírse.
—Mi madre hizo esa misma mirada esa mañana.
—¿Seguro de que estás bien? —Clark dijo con tono más serio.
—No has dejado de ser el boyscout de siempre, entiendo que Lana te quiera.
Whitney se levantó con dificultad, si era por su pierna o por el mareo del alcohol, no había forma de saberlo con certeza. El rubio ni siquiera se molestó en levantar la botella de la banca, se limitó a apoyarse en su bastón.
—Whitney, no creo que-
—No te preocupes, no estoy conduciendo —lo interrumpió con casualidad—. Caminar es difícil, pero mucho menos doloroso. Demonios, sí que quedé hecho una mierda, ¿eh?
Clark hizo amago de ayudarlo a apoyarse, pero Whitney apartó su mano de un manotazo.
—No necesito tu lástima, Kent.
—¡Sólo quiero ayudar! —Clark por fin dejó salir su frustración. Estaba tratando de no tomárselo personal, pero estaba llegando a su límite.
—Hasta que al fin te enciendes —Whitney se rió de nuevo y le dió unas palmaditas a la mejilla de Clark mientras arrastraba las palabras—. Siempre intentas ser tan amable y perfecto. Nunca lo entendí.
La expresión de Whitney cambió de un segundo a otro. Su sonrisa fue reemplazada por una línea recta, y unos ojos se tornaron contemplativos. Miraban a Clark con una intensidad que el chico jamás le había visto.
—Sobre lo que hablamos la última vez —dijo, reflejando su cansancio en la voz por primera vez—. Sobre cuidar a Lana…
—Ya te lo dije —Clark suavizó su voz—. No somos…
—No hablo de eso. Sé que te dije que la cuidaras hasta que yo volviera. Pero si algo me pasara, ¿Seguirías haciéndolo?
La garganta de Clark se secó. Estaba tratando de adivinar que había en la cabeza de Whitney, pero no podía imaginar a lo que se refería. Era una ironía que entre tantos poderes que tenía, telepatía no podía haber sido uno de ellos.
—No te va a pasar nada —le dijo Clark con lentitud, como si quisiera grabar a fuego esas palabras en la cabeza de Whitney—. Ya estás aquí, estás bien.
—Supongo. Por ahora —Whitney se encogió de hombros.
—De verdad, si necesitas un aventón a casa, puedo llevarte —Clark apuntó con su pulgar hacia la camioneta detrás de él. Whitney la miró y sonrió.
—No quiero llegar a casa oliendo a estiércol —dijo con un tono más animado—. Llamaré a mamá para que venga por mí. No te preocupes, Kent.
Clark lo miró por varios segundos, tratando de leer la expresión de Whitney, pero el tipo parecía llevar una máscara muy gruesa. Al final solo dejó salir un suspiro. Si quería hacerlo entrar en razón por el motivo que fuera, no iba a hacerlo mientras estaba borracho.
Clark se despidió y luego volvió a su camioneta. Quería creer que Whitney solo quería relajarse después de tan ajetreado viaje y olvidarse de su herida por un instante, que estaría bien al día siguiente. Sin embargo, mientras la camioneta se alejaba, el retrovisor mostraba al rubio, con la boca temblando como si estuviera a punto de llorar.
—
Durante el resto de la tarde, Clark no pudo dejar de pensar en el incidente de la mañana. Tal vez haberlo dejado solo había sido una mala idea. Podría haberse unido a los Marins, pero Whitney seguía siendo un hombre herido. O tal vez estaba exagerando. Whitney había sido el rey de la escuela después de todo, irse de juerga no era algo raro para él. Quizá siempre tomaba para divertirse y Clark no lo sabía porque no iba a muchas a fiestas, aunque ese no parecía el tipo de persona con el que Lana saldría.
Por fin, a las cuatro de la tarde, los pensamientos de Clark lo asaltaron a tal punto en que tuvo que hacer algo al respecto. Daba igual si resultaba que estaba siendo sobreprotector con alguien que apenas lo toleraba, tenía que saber que estaba bien.
—Oye mamá, ¿tienes el número de los Fordman? —Clark le dijo a su madre, que estaba leyendo un libro en la sala.
—Está en la agenda —respondió mientras Clark atravesaba la cocina—. ¿Pasa algo?
—Es para saber si Whitney estará mañana en su casa —dijo. Por alguna razón, aceptar en voz alta que había dejado al rubio solo en la calle, lo hacía sentir más culpable.
Antes de que pudiera siquiera alcanzar la agenda en la mesita de la cocina, el teléfono sonó con su habitual timbrecito chillón.
—¿Clark? —una vocecita dijo desde el otro lado de la línea cuando Clark contestó. La voz era temblorosa, como si hubiera estado llorando.
—¿Pasa algo, Lana?
—¿Has visto a Whitney?
—Lo ví esta mañana, en la calle principal. ¿Algo anda mal?
—No lo sé, yo… —Lana empezó a sollozar—. Ayer, cuando nos despedimos, lo escuché decir algo muy raro —volvió a llorar—. Creí que lo imaginaba, pero la señora Fordman me llamó y dijo que lo vio irse temprano sin decir a dónde. No responde sus llamadas ni las mías. Es mi culpa.
Lana volvió a sollozar en silencio, mientras Clark sentía que el estómago le daba un vuelco.
—Lana, tranquila, no es tu culpa. Además tal vez solo tiene el teléfono apagado —inhaló profundamente—. ¿Qué te dijo ayer?
—Que no lo olvidara.
De inmediato, Clark sintió que la garganta se le secaba justo como en la mañana. La culpa ahora era un alquitrán espeso que amenazaba con ahogarlo pronto.
—¿Sabes dónde podría estar en este momento?
—Lo estoy buscando cerca de la escuela. ¿Puedes buscarlo en la presa de Smallville? A veces iba allí con sus amigos.
—Iré lo más rápido que pueda.
—Gracias, Clark.
—No te preocupes, todo va a estar bien —de inmediato colgó el teléfono—. Tengo que salir mamá, Whitney está desaparecido.
No esperó una respuesta, simplemente salió disparado como una bala con la ruta más rápida ya trazada en su mente. Si no encontraba a Whitney a tiempo, jamás se lo perdonaría.