Manecillas, Capítulo 8

  08 Whitney se sentía culpable. La madre de Clark estaba en el hospital, y aún así su mente le daba vueltas al aparente rechazo que había s...

10/03/25

Manecillas, Capítulo 7

07

Clark había llegado a la casa Fordman sin meditarlo. No había podido dormir en toda la noche, y su pecho ardía solo de imaginar a su madre postrada en cama, al borde de la vida y la muerte mientras su cuerpo intentaba expulsar la tóxina desconocida de su cuerpo. Al verla allí, volviendo a la inconsciencia repentina, lo único en lo que podía pensar era en cuando Ryan estuvo así. El recuerdo del pobre chico y de lo que le pasó al final, fue demasiado para Clark, así que intentó concentrarse en los mandados que su madre tenía pendiente y que ahora su padre le había encargado, pero no sirvió para hacerlo sentir mejor.


Estuvo por unos momentos en el talón, donde Lana, Pete y Chloe le ofrecieron sus simpatías, pero lo hicieron sentir peor. Escucharlos hablar así lo volvía todo más real, más grave. La amenaza de muerte se sentía más cercana ahora, así que intentaba alejarla lo más que podía de su cabeza. Lo único que se le ocurrió para poder obtener alguna clase de alivio fue ir a ver a Whitney. Era curioso cómo funcionaba la vida. Si hace año y medio le hubieran dicho que iba a buscar consuelo en el novio de Lana, se abría reído hasta ahogarse. Y sin embargo, allí estaba, desesperado por verlo.

Ni siquiera tenía que preguntar si estaba en casa, ya había memorizado los días de descanso del chico. Solo hasta que tocó la puerta se dio cuenta de que tal vez estaba importunando.


Nadie abrió por varios minutos, por lo que estaba a punto de tocar de nuevo cuando la puerta se abrió de par en par. Allí estaba Whitney, con una sudadera gastada y shorts deportivos, mientras lo iluminaban los rayos de once de la mañana.


—Clark —sus ojos se abrieron con sorpresa, pero aún así le dirigió una sonrisa nerviosa—. Lo siento, no estoy muy presentable para visitas.


—Disculpa, debí llamar antes. 


—Está bien, pasa.


Clark siguió a Whitney hasta la pequeña sala, cuyos sillones estaban decorados con manteles tejidos a manos.


—¿Tu madre no está? —dijo mientras se sentaba junto a Whitney en el sofá.


—No, tenía cosas que ir a comprar.


Clark sintió un pinchazo de culpa. Sabía que la señora Fordman trabajaba en la tienda ese día por la tarde, pero no había considerado que, ya que Whitney no era muy apto para cargar grandes bolsas de compra, debía hacer trabajo doble.


—No quería molestar… —Clark se levantó del sillón.


—No es molestia —Whitney lo tomó del brazo—. Quédate.


Y algo mágico debieron tener sus palabras, porque ante esa última oración, Clark se sentó de una, sin protestar. Al instante, Whitney retiró su mano como si le quemara.


Después de tomar una taza de té y galletas en silencio, Whitney se aventuró a romper la quietud. 


—¿Cómo sigue? —le dijo Whitney con voz de terciopelo.


—Ya está estable, pero aún no saben qué fue lo que inhaló —Clark se pellizcó el puente de la nariz—. Si no lo hacen pronto…


Clark cerró los ojos y se dejó caer en el sofá. Whitney no dijo nada, solo le puso una mano sobre el brazo. Era extraño, pero no se quejó.


—Y no sólo es eso —Clark continuó y se cubrió el rostro con las manos. Al cabo de unos segundos, suspiró y se reacomodó—. Está embarazada. Y en vez de estar feliz, ahora estoy el doble de asustado.


Whitney mirò la mesa del centro de la sala con expresión meditativa, como procesando la información. Luego dejó su taza en la mesa.


—Es una situación complicada.


Clark asintió con la cabeza. Tragó saliva con dificultad y continuó.


—Si al menos supiera cuál es la toxina, podría hacer algo. Pedirle un favor a Lex, ir a buscarla yo mismo… Pero ahora mismo tengo las manos atadas.


—Todo va a salir bien —Whitney se acercó a él, la mano en su brazo ahora trazando círculos suavemente con el pulgar—. No es nada que un ciudadano de Smallville no pueda superar, si algo me han dejado en claro esos artículos de Chloe.


Clark se rió por primera vez en las últimas veinticuatro horas, la sensación fue agradable. Entonces miró la mano de Whitney, que aún se apoyaba en su brazo, luego alzó la vista a su rostro. Ya lo había mirado cientos de veces, pero en esta ocasión había algo profundamente dulce en sus ojos. Era como si le extendiera una manta caliente, acompañada de un afecto que no había forma de que estuviera dirigido a Clark, aún si no había nadie más en la sala.


Fue entonces natural que Clark se acercara centímetro a centímetro para poder inspeccionar más a fondo la mirada de Whitney, que ahora también había adquirido una pizca de ilusión, o al menos eso fue lo último que Clark vio antes de cerrar los ojos. El aliento de Whitney le cosquilleaba el rostro, así que debía de estar haciendo algo bien si el otro chico no se había apartado. Solo un centímetro más y…


El celular de Clark hizo añicos el ambiente, con su tono agudo y en la configuración de volumen más alta. Ambos jóvenes se apartaron como si fuera una competencia de velocidad. 


—Lo siento —dijo Clark, aunque no estaba seguro por qué, solo sabía que no se atrevía a mirar a los ojos a Whitney—. ¿Hola?


Su papá hablaba al teléfono para explicarle que el Dr. Neil Moore, un representante de la Agencia de Control de Enfermedades, había declarado a la granja Kent en cuarentena, y que iban a acordonar el área entera para encontrar la toxina misteriosa.


Clark supo leer entre líneas. Debía llegar a tiempo para sacar la nave espacial de la propiedad, o pronto no solo tendrían a Control de Enfermedades allí, sino también a los hombres de negro.


—Tengo que irme —Clark dijo a Whitney mientras se ponía de pie y guardaba el celular en su bolsillo—. Van a poner la granja en cuarentena y necesito llenar unos formatos para que todo esté en orden.


—Claro —dijo Whitney, con una nota de incomodidad y tratando de levantarse.diamante


—Esta bien, puedo ir a la puerta solo —dijo Clark. En su preocupación por Martha, había ido con Whitney usando su super-velocidad y no estaba listo para las preguntas que este haría cuando no viera la camioneta en el patio.


Sin embargo, pronunció las palabras con más brusquedad de la necesaria sin pensarlo, y los ojos de Whitney se ensombrecieron.


—Claro —dijo de tajo—. Llámame si encuentran algo.


Clark asintió sin más y salió. No tenía tiempo que perder y, sobre todo, no quería meter más la pata.



El proceso de ocultar la nave había tenido inconvenientes sorpresivos. De un momento a otro, sus habilidades se desvanecieron, y cuando la camioneta se atascó en un bache, no pudo sacarla con la facilidad habitual. Por suerte Pete lo había acompañado y lograron sacar la camioneta del atasco a tiempo para no ser vistos por la agencia de control de enfermedades. Lo hicieron como pueblerinos comunes, con la fuerza de voluntad y mucho sudor.


Pero ese no fue el único problema. La Agencia de Control de Enfermedades encontró la llave de la nave espacial, que estaba oculta en una lata de levadura sin que Clark o Jonathan pudieran comprender por qué Martha haría algo así. Aunque la agencia se llevó la llave, Clark no dudaba que la recuperaría sin problema, tan pronto como sus poderes regresaran, podría hacerlo en un abrir y cerrar de ojos.


Pese a que todo parecía ir a mejor, Clark estaba de pie junto a las escaleras, bajo el cielo oscuro, sin poder dejar de pensar en su madre. Estaba recordando cómo, de niño, tenía miedo de que su madre desapareciera si la perdía de vista, pero al volver de la escuela, siempre estaba allí. Le aterraba que sus temores se volvieran realidad más tarde que pronto.


Sus pensamientos cesaron en cuanto vio a Lana, que se acercaba a dónde estaba él.


—Hola —dijo con su sonrisa de mil diamantes—. ¿Cómo sigue todo?


—Creo que mejor, mamá ya despertó —Clark dijo, con más ligereza de la que esperaba. Haber visto a Whitney parecía haber ayudado después de todo—. Pero no dejo de pensar en que aún así podria…


—Va a estar bien, Clark. Tu madre es una mujer muy fuerte.


Lana lo tomó del brazo. Era vergonzoso que aún bajo esas circunstancias, ese gesto le recordara los eventos extraños de la mañana.


—Eso espero. Al menos no es solo Whitney quien lo cree.


—¿Hablaste con él?


—Lo ví esta mañana —Clark omitió deliberadamente que había ido él a buscarlo—. Ahora que mamá está pasando por esto, lo entiendo un poco mejor. Perder a un padre por una enfermedad repentina debe ser horrible. Whitney es más fuerte de lo que creí.


Clark había estado presente durante el funeral del señor Fordman. Aún recordaba el olor a lluvia y el perfume de las flores de entierro mientras el féretro bajaba. La idea de que su madre fuera a terminar de la misma forma le causó un escalofrío.


Lana se acercó, y como leyendole el pensamiento, continuó.


—No te hace bien imaginar cosas que no han pasado. Te aseguro que se recuperará más pronto de lo que crees.


Clark sonrió. Lana estaba allí, como siempre lo había estado, dándole sus mejores ánimos ante la adversidad. Pese a lo complicado de su relación, siempre estaba dispuesta a apoyarlo en los momentos más dolorosos. Era sencillo quererla. Cualquiera se podía enamorar de ella. Cualquiera esperaría que Clark estuviera perdidamente enamorado de ella. Y aún así, últimamente algo no encajaba bien en su mente. Como si otra persona empezara a compartir espacio con ella en su cabeza.


Las náuseas llegaron sin previo aviso. Un pestañeo, y de repente el mundo se había empañado, mientras sus rodillas se sentían como de mantequilla.


—¿Clark? —escuchó la voz de Lana como si estuviera a un kilómetro de distancia.


Intentó contestar, pero su cerebro no podía pensar en una respuesta apropiada, como si su cabeza hubiera sido vaciada de todo vocabulario. Su pecho empezó a doler, mientras su vista pasaba de ser doble a oscurecerse.


Pensó en entrar a casa, pero tan pronto como movió un pie, perdió el equilibrio. Solo hasta que visualizó el cielo estrellado, se dio cuenta de que había rodado por las escaleras.


Al fondo podía escuchar los gritos desesperados de Lana, pero se sentía hundido a cientos de metros en el mar.


No hubo respuesta a las súplicas de la chica.